Cuando compras tu primera vivienda, normalmente no compras “para el año que viene”. Compras pensando en:
- niños (o la idea de tenerlos),
- teletrabajo (aunque sea parcial),
- visitas, familia, cambios de rutina,
- y que la casa no se te quede pequeña por cómo está planteada.
La clave no es adivinar el futuro. Es comprar una casa que se deje adaptar.
Una habitación con nombre abierto

Lo más útil que puede tener una casa es una estancia que no nazca encorsetada:
- hoy despacho,
- mañana cuarto de juegos,
- pasado mañana habitación de invitados,
- quizás un gimnasio,
- o una habitación más para un nuevo miembro en la familia.
… En cualquier caso, un espacio comodín que te salva cuando la vida cambia.
Conexión con el exterior: lo que multiplica la casa
Un jardín privado no es un extra para enseñar. Es un multiplicador:
- el día a día se expande,
- los niños tienen “salida”,
- tú también,
- y la casa respira.
Además, te cambia la forma de usar el interior: más sensación de amplitud, más planes simples en casa.
Materiales que no te den guerra

Quieres una casa bonita, sí, pero sobre todo quieres tranquilidad.
Y eso también significa:
- menos mantenimiento,
- menos cosas que se estropean pronto,
- una casa que envejezca bien: materiales duraderos y soluciones bien elegidas.
Maar: la idea de fondo
MAAR no es solo un nombre: es una forma de imaginar el futuro con calma. La de entrar en casa y notar que no te pide esfuerzo para funcionar.
MAAR es tierra volcánica: origen, firmeza, carácter.
Una casa pensada para durar, para envejecer bien, para no darte guerra.
Y también es mar: amplitud, claridad, respiración.
Un hogar que se adapta cuando la vida cambia.


