Durante años, el salón fue el centro de la vida en casa: reuniones, sobremesas, juegos y descanso. Ese protagonismo ahora se reparte con el jardín. No es una tendencia estética; responde a una necesidad real: disponer de un espacio exterior que aporte luz, aire y un ritmo natural diferente al interior.
En un contexto donde pasamos muchas horas bajo techo, el jardín empieza a funcionar como un segundo salón porque ofrece algo que el interior no siempre garantiza: ventilación, amplitud visual y reducción del estrés.
Espacios que permiten desconectar

Respirar ocurre siempre, pero respirar bien necesita condiciones. Un jardín, terraza o porche cumple esa función sin grandes esfuerzos: baja el estímulo visual y sonoro, reduce tensión y aporta contraste respecto al interior.
Cuando existe ese espacio, aparecen efectos prácticos:
- las conversaciones son más relajadas,
- la mente baja ritmo antes que el cuerpo,
- comer fuera se disfruta de manera distinta,
- la percepción del tiempo se ralentiza.
Tener un jardín no va de sumar metros, sino de añadir funcionalidad emocional y ambiental. Permite transiciones suaves entre interior y exterior, y facilita desconexión sin necesidad de “planes”.
El jardín como escenario de vida cotidiana

Mientras el salón ha sido el espacio social, el jardín se está convirtiendo en el espacio emocional. No necesita dispositivos para activarse; basta con uso real.
Ejemplos habituales:
- cumpleaños al aire libre,
- niños aprendiendo a montar en bici,
- cenas o sobremesas sin prisa,
- lecturas al sol,
- siestas después de comer,
- juegos con agua en verano.
Además, el jardín refleja identidad: hay quien monta huerto, quien entrena, quien cocina fuera o quien deja que la vegetación siga su curso. La estética exterior comunica tanto como la interior, y la funcionalidad depende de cómo se viva, no del mobiliario.
En MAAR, el exterior forma parte del día a día
En MAAR, el jardín no es un complemento. Forma parte del diseño doméstico y del uso cotidiano. La ubicación en Poblete, en un entorno de origen volcánico, aporta factores medibles: más luz natural, menos ruido y mayor sensación de amplitud.
MAAR es tierra volcánica: origen, firmeza, carácter. Una casa sólida por fuera y cálida por dentro. Y también es mar: amplitud, claridad, respiración.
Esto convierte el entorno en un elemento activo del hogar. No decora: participa. Y ese enfoque tiene consecuencia directa en el bienestar, especialmente entre semana.
El resultado es un tipo de vivienda que acompaña distintas etapas vitales y usos, priorizando luz, funcionalidad y confort sin artificios.


